En los ochenta las tablas se ensanchan, las ruedas se van volviendo
paulatinamente mas pequeñas y duras. La disciplina en rampa y las
maniobras aereas son el centro de la escena. Empieza a hacerse famosos
los miembros de la Bones Brigade de Powell-Peralta y sus vídeos donde, aparte de patinar
rampa como locos y hacer el canelo en general salen patinando spots
callejeros, ripeando calles llenas de gente y pegando saltos con sus
tablas, había nacido el Ollie. La Bones la componián entre otros la
leyenda de la rampa Christian Hosoi, que seguiría un camino intermedio a los
de Alva y Adans, el joven Rodney Mullen, el dios de freestile cuyos
trucos en parado mezclados con los enormes ollies y slides de Natas
Kaupas y Mike Vallely (también de la brigada) darían lugar a la
siguiente etapa del patín. El más joven de los Bones originales fue Tony
Hawk, probablemente el skater más famoso de todos los tiempos, un tipo
humilde y bonachon capaz de volar como si en vez de metano cagase helio.
Ha inventado el grueso de los trucos de rampa y ha montado un imperio
de tablas, camisetas y videojuegos sin dejar nunca de reinventarse y
revenderse.
La Bones pasa de moda, sus miembros se
dispersan, se drogan y se alejan del mundillo profesional. Hawk y otros
intentan rescatar el espíritu de los grandes años de la rampa, pero el
skate siempre estuvo en la calle y es allí donde a finales de los 80
nacen leyendas como Ray Barbee, que empieza a usar los ollies para
saltar y grindar moviliario urbano con una soltura impresionante y a
hacer girar la tabla en el aire. Se produce un resurgimiento del skate
como manera de interactuar y disfrutar de la ciudad todo lo posible. Las
tablas se hacen cada vez más ligeras, simétricas y ágiles, con kick
tanto en el nose como en el tail y van desarrollando cóncavo, sus ruedas
se endurecen para no molestar al caer trucos y los ejes se estrechan
con el mismo objetivo.
Nace el street, el skate de
plaza, de trucos, de calle, de tribus. La siguiente ola rompe con
fuerza, nuevos videos cada vez más espectaculares, nuevas y viejas
revistas que venden como nunca fotos impresionantes de estrellas que
saltan cada vez más alto y más escalones. El hip-hop de Baker, malote y
underground lucha por imponerse al punk-rock de los nostálgicos de Creature y así miles de chavales de cientos de ciudades de todo el mundo
se pasan el día intentando planchar flips delante de las chavalas y
cagandose en los de la otra plaza y en los bikers; mientras unos pocos
afrotunados viven la buena vida viajando de ciudad en ciudad, patinando,
bebiendo y drogandose a costa de grandes marcas que siempre pierden
dinero a pesar de ganar millones y millones, devanandose los sesos por
conseguir una vuelta más un giro más complicado en cada truco, un
escalón más un gab más tocho.
Desde los inicios del
nuevo milenio el skate vive su mejor y su peor época, se estanca justo
cuando está en lo más alto y da más dinero, justo cuando no se puede ser
más guai por ser skater y no puede haber más anuncios en la tele donde
salgan chavales comiendose un bollicao sentados en un patinete.

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