El skate es surf. Según el skater y su estilo esto será más o menos
evidente, pero siempre será innegable. El surf es La Madre, como se
suele decir, y de el nace toda una serie de disciplinas que tienen en
común basicamnete el desplazamiento, la tabla, y el más importante de
los componentes, el estilo de vida.
Como dice el viejo
Doc Caribbean, la evolución del skate ha sido como las olas que van
llegando a una playa, con sus crestas y sus revolcones, durante casi
setenta años. Actualmente vivimos la última y más extraña de esas olas.
En esta entrada me centraré en resumir la primera ola del skate
A
finales de los 50 y principios de los 60 los surferos de
California, hasta la manguera de los dias glassy de verano, empezaron a
subirse por las paredes y fumar por las orejas. En una de esas a algún
dude se le ocurrió coger un patín de roller, sacarle las ruedas y
ponérselas a un madero. Buscando el surf en la ciudad, buscando la
sensación del giro, buscando entretenimiento y libertad, en las
profundidades de sus perturbadas mentes, encontraron el skate.
Durante
esos primeros años muchos niños de las playas y los paseos de L.A.
usaban sus patines para imitar las maniobras de sus padres y hermanos
mallores en el agua. Era una época bonita, bucólica, era la época del
be-bop, los Cadillac, la laca y las multitudeas de domingueros petando
las olas del Pacífico. Obviamente aquello estaba condenado al fracaso.
Durante
la primera mitad de la década de los 60 el sueño americano se hace
pesadilla y el surf, el skate y las sonrisas se pasan de moda. Los
surfistas originales siguen viviendo sus vidas en el agua, al margen de
una sociedad en profunda crisis cultural y económica. El surf se
convierte en el refugio de miles de hombres (y mujeres) de clase
inclasificable que se hacinan en las barriadas de Santa Mónica y Venice,
cuyos hijos iniciarán una revolución.
Venice Beach, la
ciudad de los perros, DOGTOWN, se situa en el epicentro del surf
underground. En las ruinas de un parque de atracciones surfean unos
indeseables locales, sus líderes, el shaper Jeff Ho y su socio Skyp
Engblom, tienen una tienda en el barrio. Ellos y su tienda, Zephyr, a
pesar de las pintas y la falta de modales, se convierten en el hogar de
adopción de los niños y niñas más desfavorecidos del vecindario, esos
niños, que han crecido mamando surf, skate y violencia son los padres
fundadores del fenómeno de masas que ha día de hoy es el skate (40 y
pico millones de skaters en el mundo, hace 10 años).
Ellos
serían los Z-Boys, que con sus maniobras imposibles y su estilo
agresivo, y gracias a las nuevas ruedas de uretano y su agarre,
romperían en dos la agonizante escena del skate. Además tuvieron la
genial idea de patinar las piscinas vacías por la sequía del 74, lo que
degeneraría en las rampas y los skateparks actuales. Sus tres
cabecillas, Stacy Peralta, Tony Alva y Jay Adams serian los Padres
Fundadores, los tres primeros skaters profesionales de verdad y los que
sembraron las semillas de lo que vino después.


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